martes, 17 de septiembre de 2024

Alas

 


Cigarras

 


Espejo


 

Claro


 

Busca

 




Laberinto

 


Tormenta

 



















Ojos

 


Lluvia

 


Luna

 


martes, 10 de septiembre de 2024

Lua

 "Rápido, ya vienen. Corran." dijo la impasible Toki con un tono tan plano como siempre. El resplandor de los relámpagos alcanzó a iluminar a Sumi, que iba de último. Corrieron tan rápido como pudieron hasta que finalmente llegaron al Claro del Parque. Lua y el resto de la guardia los estaban esperando. "Me alegra que estén bien, en la oscuridad el peligro se multiplica" dijo con su voz grave. "Estaríamos mucho mejor si algunos incompetentes hubieran cumplido con su misión" escupió Niebla, destilando odio. "Querida Niebla, te agradezco tu preocupación, pero no te preocupes por eso. Ahora necesitamos tener a nuestros enemigos cerca. De esa forma podemos observarlos y encontrar la forma de destruirlos para siempre" le dijo Lua sonriendo. "Parece improbable que lo logremos. Son más grandes que nosotros" dijo Toki. "Pero no son más grandes que los seres humanos" dijo Lua, y sus ojos amarillos brillaron en la oscuridad. 

La Tormenta

 "Son ellos" dijo Toki de repente, saliendo de su ensueño. "Vienen por nosotros, debemos dispersarnos". Niebla bufó y erizó su lomo frente al impasible Sumi "Esto no ha terminado, permitiste que volviera la luna nueva arruinando todo nuestro trabajo, si dependiera de mí estarías exiliado". Sumi sonrió burlón "Ah, pero no depende de ti. No te atribuyas lo que no te corresponde, Niebla. Tú no sabes nada". "Debemos irnos ya" dijo Maru señalando con su pata delantera un agujero en el suelo. "Si no nos escondemos, será difícil ganar". Mimi lideró la huída lanzándose de cabeza y desapareciendo. Maru y Toki la siguieron. Sumi intentó avanzar pero Niebla se atravesó en su camino "Nunca me has gustado nada. Pero si cometes otro error, me aseguraré de que sea el último" susurró venenosa antes de dar un gran salto hacia el agujero. Sumi meneó la cabeza. Esta misión iba a ser más difícil de lo que pensaba, pero no podía permitirse fallar. 

La Guardia del Bosque

 Sumi se lamió la pata delantera izquierda y se limpió la mejilla durante un rato más largo de lo necesario. Niebla entrecerró los ojos mientras lo miraba con desprecio. Maru suspiró, como solía hacerlo cuando sentía que algo estaba mal. Toki miraba distraída hacia el cielo, como buscando a la luna que no encontraría. Mimi carraspeó para intentar romper la tensión, pero todos la ignoraron como siempre. Finalmente Niebla se decidió a repetir la pregunta "¿Podrías decirnos cómo es que la luna no está por ninguna parte hoy? Falta poco para que el portal se abra y sin embargo permitiste que llegara la luna nueva, exigimos una explicación". Mimi movió las orejas nerviosa, "Bueno, pues Sumi, si necesitas que te ayudemos con algo por favor cuéntanos. No estamos todos hoy, pero igual es una reunión de la guardia y todos somos amigos, ¿no?" miró a su alrededor buscando aprobación pero nadie dijo nada. Sumi bostezó y dijo lentamente "No hay nada que decir. La humana no me dejó acercarme a la ventana. No pude hacer nada". Niebla resopló exasperada "Tu humana es una bebé, no mientas. Si no quieres hacer lo que te corresponde, lárgate y no regreses". Maru se interpuso entre los dos para evitar una pelea, pero Sumi solo se rió. "Saben que me necesitan porque nadie quiere este absurdo trabajo. Los gatos no trabajamos, eso es lo que nos hace superiores a los perros y a los humanos". Niebla echó atrás las orejas y estaba lista para saltar cuando el ruido de un trueno los sobresaltó a todos. 

Luna Creciente

 Maru se desperezó y bostezó por un rato largo. Pronto amanecería y su guardia terminaría, pero mientras tanto, debía mantenerse despierta por cualquier medio. Se mordió la pata delantera derecha varias veces para espantar el sueño, pero sentía que le pesaban los párpados. Miró al cielo cubierto de nubes rojizas por las luces de la ciudad y se lamentó de que los humanos crearan tanta basura luminosa que no permitía ver las estrellas. Ni siquiera la luna podía brillar bien así. Maru sacudió su cola delgada un par de veces, y las nubes se disiparon. La luna creciente apareció sobre su cabeza, y Maru suspiró. Faltaba tiempo todavía para que se abriera el portal. Por ahora solo quedaba esperar a que nadie perturbara la tensa paz que con esfuerzo habían conseguido, pero ni siquiera eso sería fácil, porque los humanos eran tan persistentes como destructivos.

El Bosque

 Mariana abrió los ojos deslumbrada por la luz que se filtraba entre las hojas. No podía recordar qué hacía ahí, tirada en el suelo y en pijama. Se incorporó lentamente, no le dolía nada. Trató de recordar lo que había hecho antes de perder la consciencia... ¡Niebla! exclamó al recordar que había seguido a su gata que de repente había saltado por el balcón y corría como si de ello dependiera su vida. Mariana bajó las escaleras tan rápido como pudo, descalza y en pijama, y corrió detrás de la sombra gris que resplandecía bajo la luna. Niebla era una gata tranquila y casera, nunca se había escapado, porque ni siquiera le interesaba salir cuando alguien abría la puerta, toda su vida era sentarse plácidamente en el balcón y mirar lo que pasaba a su alrededor. Por eso Mariana no pudo evitar seguirla, pero cuando ya habían corrido un buen rato, le dolieron los pies, que no estaban acostumbrados al asfalto. ¡Niebla, para de correr, este piso es muy duro! le gritó. Para su sorpresa, la gata se detuvo y se sentó en el piso, mirando a la luna tranquilamente, como si no hubiera hecho ningún esfuerzo físico hasta ahora. Lo último que Mariana recordaba eran los inmensos ojos grises que la miraron fijamente.

Gatopia Bosque de Gatos

  Gatopia Bosque de Gatos